viernes, 19 de febrero de 2016

Aprender a nadar

El desorden aturde los ojos. La sensación incómoda del estorbo a cada paso que se da, el olor a encierro aunque no hay vidrio en las ventanas, las cenizas indisimulables en el negro de la madera del escritorio, los esqueletos de las tomas que nunca me salieron como yo quería, las migas del desayuno que esperan que alguien las sacuda del repasador, la toalla húmeda hecha un bollo arriba de la cama; los platos están sucios y aunque desde acá no se ven, yo se que están.
La copa de vino que te estira la mano y promete ayudar sin decir nada; una mosca que se burla y lo viene a arruinar...



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