Te mataron y no hice nada.
Yo estaba en casa, matando también, a mis penas. Entre risas, recuerdos y un vino que iba cambiándome el color de la lengua a medida que lo iba tomando, y a vos también te cambiaba el color, el del cuerpo, el de la sangre que ibas perdiendo, el de la vida que se te estaba ahogando entre manos desconocidas que no querías que se acerquen más.
Yo estaba en casa, y me dejaba desnudar y tocar por quien yo quería, y si decía a algo que NO, era entre risas y vergüenza, era porque estaba convencida de que SI, que si quería, pero el NO hacía que todo dure más, y vos no pudiste, vos dijiste que NO de verdad, de esos que no se negocian, NO es NO, pero no funcionó, a vos te arrancaron la ropa y te arrancaron la vida.
Yo estaba en casa, y vos anda a saber por donde andabas, porque apareciste muerta, acribillada, ahogada, atada, amordazada, con una bolsa en la cabeza, calcinada, quemada con ácido, descuartizada. Y yo estaba más entera que nunca y sana y radiante, recostada donde quería, con quién yo quería, y estaba desnuda y no tenía miedo, pero vos si, vos estabas temblando, te sentías sucia, débil, indefensa, enferma de tanta mierda que te estaba pisoteando.
Yo estaba en casa y quería que el tiempo se frene, quería estar así, y vos no, vos querías que todo termine pronto porque cada segundo que pasabas entre manos que te torturaban, era la eternidad hecha carne, hecha sangre, la que habías perdido, era el frío del piso en el que te acostaron y no dejaron que te levantes nunca más.
Yo estaba en casa, y no tenía ni la menor idea de quien eras, pero te juro que si hubiera sabido donde estabas, yo te iba a buscar...
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