Cuantas mentiras guardan mis recuerdos y en cuantas fotos que me han sacado puedo no reconocerme como yo misma.
He sido motivo de trazo para nuevos escritores, un lienzo en blanco para aquellos que me retrataron, un negativo que siempre quedó en negro y blanco, y aún así me creo incapaz de transmitir emociones; no propias, sino incapaz de decir lo que siento que digo, pero con las palabras justas para que los lejos se queden donde están, los cerca abracen más fuerte, el pasado se quede en su lugar y el futuro no me abofetee la cara con preguntas sin antes escuchar mis respuestas.
Me han copiado, han usado palabras que yo misma usé de otros, han recorrido mis pasos como queriendo sentir eso que siento y que jamás podrán entenderlo. Escribo y me pregunto que será de la pila de textos que vengo cajoneando y que ni se por donde empezar a editar. Y las ganas? Mejor ni las nombremos. Que pasó con todos los que estuvieron atentos a mis palabras, los que pedían más, los que querían conocer, los que peleaban, los que gritaban, los que amenazaban, los que lloraban también.
Tal vez. No se...
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