Y aunque todo es distinto, el dolor es tan parecido que entre sorbo y sorbo asentimos con la cabeza cuando alguien afirma que tan hijo de puta se puede llegar a ser.
Se escucha que dice: Si me encontrás alguna, venime a hablar...
Es una cadena de favores, en cuanto uno agacha la mirada, el de al lado remata un chiste para volver a estar en pie. Suena una que conocemos todos, el de la mesa del costado se hace amigo a la segunda birra, el de la barra ya sabe quien sos y que te gusta tomar, y ahí estás otra vez, en primera fila para ser habitué de un nuevo bar, contando las mismas viejas anécdotas que creíste no volver a publicar...
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