Quizá, cuando esta revolución hormonal constante deje de meter fichas en todo lo que no puedo hacer y se decida a darme la mano y caminar para el mismo lado, tal vez en ese momento podamos volver a mirarnos a los ojos; esa y ésta, las que comparten miradas y miran distinto a través de los mismos ojos que alguna vez no hicieron más que mirar para atrás.
Tal vez el tiempo de las cosas buenas y de los sueños incumplidos tengan fecha de nacimiento y será entonces cuando la necesidad de sentirse útil colme sus propias expectativas y la mina que escribe en blogs pueda al fin amontonar un libro de su autoría en la pila de la biblioteca que le falta por leer.
Amigos escritores, feliz día...
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