Cuantas veces fuiste capaz de decir: "Te quiero cerca". Acá, ya, conmigo, antes de que empiece todo, antes de que termine nada. Cuando no sabes para donde salir corriendo, pero si pudieras agarrar a alguien de la mano lo harías sin dudarlo un instante y del mismo envión atravesar el continente en búsqueda de una foto que los perpetúe, aunque solo sean un instante.
Fijar el pensamiento. Abrir los brazos como si estuvieras abrazando, besar como si realmente quisieras hacerlo. Ese segundo de seguridad en que el miedo puso pausa y por primera vez te convertiste en el hueco de una cintura que espera que un brazo le pase por abajo; el traqueteo del pecho ajeno golpeándote la espalda.
El rectángulo del flash en los ojos, el brillo del primer reflejo. Y otra vez el miedo que te cachetea la cara y te hace saber que siempre está ahí.

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