Saber que no y seguir, por insistencia y orgullo, por aprendiz y por experto; hacernos los boludos si nos tocan el hombro, y seguir, con la frente en alto o a mitad de camino, pero seguir, como si enfrente no estuviera el muro que separa los sueños de los milagros.
La mano amiga que a veces es puñal, la realidad que vive entre niebla y llovizna, el invierno que no para de crecer y de matarnos. Lo que queda de la casa, las sombras por debajo de la puerta, el canto desafinado de los pájaros que no tengo entre rejas. La libertad de ser libres y la vanidad de creernos capaces de no pisar en falso los sueños de los demás.
La gratitud de soñar, abrir los ojos y soñar.
La gratitud de soñar, abrir los ojos y soñar.
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