Me obligan a explicar de que hablo cuando me expreso, y el intento se vuelve en vano, porque las realidades de cada cual van a ver lo que ellas quieran mirar.
Es cierto, llevo marcas imborrables, en el cuerpo y la memoria, en los brazos y en mis ojos, entre mis ideas y mis mañas, pero que más da si el tiempo hace eso, marcar a fuego, con tinta, con silencios, lo que vivimos y dejamos de vivir, eso que forja y que aprieta el pecho si se nos cruza un recuerdo por el camino.
Yo misma me obligo a verme de reojo, a no soportar, a llevar cruces que no compré y que lanzaron como maldiciones cuando hice lo que no tenía que hacer, y cuando dije lo que quería pero no debía decir.
Saberme de memoria las palabras para alejar, aunque no se quiera. Poner en foco mis marcas y alejar, al que quiera mirar directo a los ojos.
Soy esa que no conocen...

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