viernes, 19 de febrero de 2016

Aprender a nadar

El desorden aturde los ojos. La sensación incómoda del estorbo a cada paso que se da, el olor a encierro aunque no hay vidrio en las ventanas, las cenizas indisimulables en el negro de la madera del escritorio, los esqueletos de las tomas que nunca me salieron como yo quería, las migas del desayuno que esperan que alguien las sacuda del repasador, la toalla húmeda hecha un bollo arriba de la cama; los platos están sucios y aunque desde acá no se ven, yo se que están.
La copa de vino que te estira la mano y promete ayudar sin decir nada; una mosca que se burla y lo viene a arruinar...



El riesgo de salir

Organizo mis sueños en medio de un humo negro que me envuelve y me toca el hombro y me avisa que no hay quórum para el próximo Dios.
Abro un libro lleno de tierra esperando que el azar de sus páginas me tire una indirecta y, a modo de reflejo y cansada de la rutina, se aparece una mueca a medio sonreír y mis manos la acompañan cerrando lo que no me dio la ayuda que esperaba; el horóscopo de las bibliotecas puede aprender a doler. 
El café se seca en los bordes del jarrito, como cuando los besos ya no saben besar y tienen que agrietarse en invierno para recordar el calor de la sangre.
La ciudad está desierta, ya no queda nadie vivo a las horas en las que me decido salir a vivir, 




domingo, 28 de junio de 2015

Lección

Resbaló en lo más alto del tobogán. Cayó de pecho golpeando las costillas sobre las maderas de colores. Abrió los ojos y miró de reojo para los dos lados queriendo evitar la vergüenza de la caída, levantó los brazos, sacó uno a cada lado, y mientras iba sonriendo empezaba a sentir el viento que de frente le empujaba para atrás los mechones de pelo que le tapaban la cara. Una caricia en el medio del desliz, la fricción de las tablas contra el sweter que quedaría deshecho por las astillas, y el placer de sentirse libre durante el tiempo que dure la inercia del error.


Ruta


Cuando la distancia esta equivocada, cuando los cerca nos mantienen lejos, cuando los inalcanzables nos toman de la mano cruzando charcos sin temor de mojarse el dobladillo del pantalón.

Cuando no hay miedo cualquier cosa puede convertirse en realidad.








sábado, 27 de junio de 2015

Turno


He agotado los recursos, las malas olas taparon mis pies con arena y algas, los corales se van aferrando a mis huesos. El mar tiene mas espinas que botellas vacías pidiendo que rescate a los muertos que dejaron de morir cuando me olvidé como era tu segundo nombre, o si lo tenías.
Ahora el cielo alza en bolsa, y de vez en cuando va comprando arenas movedizas que te dudan, y te mutan los colores de la piel, como si vendiera el alma a quién no tiene nada que hacer los domingos por la tarde.
Casi una función a sala llena que termina sacando a patadas a los imbéciles de siempre que se sientan a mirar y que se niegan a ser parte.



jueves, 25 de junio de 2015

La gratitud de soñar

Llegar tarde a todos lados aunque seamos los primeros en la fila.
Saber que no y seguir, por insistencia y orgullo, por aprendiz y por experto; hacernos los boludos si nos tocan el hombro, y seguir, con la frente en alto o a mitad de camino, pero seguir, como si enfrente no estuviera el muro que separa los sueños de los milagros.
La mano amiga que a veces es puñal, la realidad que vive entre niebla y llovizna, el invierno que no para de crecer y de matarnos. Lo que queda de la casa, las sombras por debajo de la puerta, el canto desafinado de los pájaros que no tengo entre rejas. La libertad de ser libres y la vanidad de creernos capaces de no pisar en falso los sueños de los demás.
La gratitud de soñar, abrir los ojos y soñar.


Por primera vez

Cuantas veces fuiste capaz de decir: "Te quiero cerca". Acá, ya, conmigo, antes de que empiece todo, antes de que termine nada. Cuando no sabes para donde salir corriendo, pero si pudieras agarrar a alguien de la mano lo harías sin dudarlo un instante y del mismo envión atravesar el continente en búsqueda de una foto que los perpetúe, aunque solo sean un instante.

Fijar el pensamiento. Abrir los brazos como si estuvieras abrazando, besar como si realmente quisieras hacerlo. Ese segundo de seguridad en que el miedo puso pausa y por primera vez te convertiste en el hueco de una cintura que espera que un brazo le pase por abajo; el traqueteo del pecho ajeno golpeándote la espalda.

El rectángulo del flash en los ojos, el brillo del primer reflejo. Y otra vez el miedo que te cachetea la cara y te hace saber que siempre está ahí.










miércoles, 24 de junio de 2015

Soy esa...

Vengo haciendo el intento, no puedo convencer al mundo de mis principios, pero puedo convencerme a mi misma que no soy tan poco ni tan mucho como así creo que es.

Me obligan a explicar de que hablo cuando me expreso, y el intento se vuelve en vano, porque las realidades de cada cual van a ver lo que ellas quieran mirar.

Es cierto, llevo marcas imborrables, en el cuerpo y la memoria, en los brazos y en mis ojos, entre mis ideas y mis mañas, pero que más da si el tiempo hace eso, marcar a fuego, con tinta, con silencios, lo que vivimos y dejamos de vivir, eso que forja y que aprieta el pecho si se nos cruza un recuerdo por el camino.

Yo misma me obligo a verme de reojo, a no soportar, a llevar cruces que no compré y que lanzaron como maldiciones cuando hice lo que no tenía que hacer, y cuando dije lo que quería pero no debía decir.

Saberme de memoria las palabras para alejar, aunque no se quiera. Poner en foco mis marcas y alejar, al que quiera mirar directo a los ojos.






 Soy esa que no conocen...